martes, 5 de octubre de 2010

PERONISMO

Peronismo

LA HORA DEL OBRERO
El peronismo significó un movimiento que  cambió para siempre la historia de la República Argentina. La fuerte transformación de la sociedad con el iluminismo de un sector, que antes del 17 de octubre del 1945 permanecía en las sombras, instaló un nuevo líder en la escena política. Juan Domingo Perón instauró el Estado de bienestar y logró consolidar los derechos postergados de la clase obrera.

La gente de las fábricas salió del yugo oligárquico e hizo catarsis  para equilibrar un poco más la balanza de la justicia social. Las necesidades, las penurias y los pesares de los “descamisados” tuvieron su fin cuando en el país se aplicaron las recetas económicas keynesianas, que se habían utilizado en Estados Unidos, después de la Gran Depresión.

En el 17 de octubre del 45, las bases propias de la pirámide social  empezaron a ponerse a la par de los sectores conservadores, que disfrutaban de sus distintos privilegios, como ir al Jockey Club o ir de vacaciones a  lugares paradisíaco. La buena estabilidad económica de la clase dominante se vio amenazado por los obreros que generaban la plus valía, por aquellos que nunca recibían nada más que un  sueldo miserable.


El sólo hecho de vestirse bien e ir a Mar del Plata para un “cabecita negra” era realmente impensado. Las miles de escuelas, los distintos hospitales, los nuevos sectores de recreación generaron la envidia de  los miembros de la oligarquía, cuyo amor por el distinto  tampoco se veía en el reparto de las ganancias
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Sectores  dominantes que siempre miraron a Europa y negociaron con empresas extranjeras postergando la identidad nacional que el movimiento peronista reconstruyó con la estatización de muchas empresas de capitales foráneos.  Gracias a esto, la palabra distribución es la principal bandera de cualquier político en campaña.

Mas allá de las formas, dado que si se hace hincapié en ellas esto dejaría ser una análisis, el gobierno peronista permitió al obrero reconocerse, a identificar que tenía una conciencia para sì, que podía ser  èl un poder màs, aunque algunos lo estigmatizan de de salvaje sin civilización, el obrero genera la riqueza, aunque los medios de producción no le sean propios.

Perón y la clase obrera fueron las dos caras de la misma moneda, ambos se necesitaban, para construir un país distinto al granero del mundo y del fraude electoral de la década infame de 1930. Fundaron un sentimiento activo del postergado con el objetivo de ser el protagonista, o mejor dicho de ser  antagonista de la clase dominante.

Distribución del ingreso, algo que se dice mucho, pero solo durante el peronismo se puso en práctica y despertó el odio de los poderosos cuyo intereses corporativistas son capaces de instaurar un gobierno de facto.
Walter Leguizamón