Tito es un tipo como cualquier otro, pero su casa de botellas lo hace especial. El desea ser imitado, quiere que haya muchas casas de botellas. Sueña que en algún lugar de Quilmes exista una barrio hecho íntegramente con ese objeto. Y parece que su anhelo está cerca de concretarse ya que afirmó que “(el intendente) Francisco Gutiérrez dijo que va a hacer un barrio de casas de botellas, yo le propuse hacerlo sin fines de lucro por supuesto. Sabés cómo les cambiaría el curso de la historia a la gente que no tiene vivienda. Sería lo mejor que me pudiera pasar a mí, de transmitir un mensaje real, mensaje de cómo sobrevivir, porque en realidad yo soy un sobreviviente”.
La idea principal de este obrero del arte es que lo imiten. El no quiere ser “ni la vedette de la casa de botellas ni el gran artista, yo soy un tipo como vos, como cualquier persona que hace un trabajo distinto”. Este ex plomo de bandas legendarias del rock nacional es una persona común que trabaja para sobrevivir. Aunque no es tan de su agrado, trabaja de portero de la escuela media cuatro, Japón de Bernal. Con respecto a su ocupación declaró que “yo soy el esclavo de la escuela, el que barre. Me lo tomo como un gran castigo ir a trabajar en un colegio porque nunca me gustó ir a la escuela”, sostuvo Tito entre risas.
Pero volviendo a las casas de botellas, estas para Tito Ingenieri serían una salida muy importante para dos problemas que aquejan a varias poblaciones del mundo: el hambre y la adicción a las drogas. Con respecto al primero propuso un comedor popular de botellas, donde se ofrezca un taller de artes y oficios. En tanto para el segundo, expresó que sería bueno “crear un gran taller de botellas en distintos sitios y poner herramientas con alguien que controle y les enseñe a soldar los internos. Eso les va a cambiar el curso de la historia y se va acabar lentamente ciertas cosas”.
Sobre adicciones a los estupefacientes, Tito sabe muy bien de que se trata y como hay que luchar para alejarse de este verdadero flagelo. “Yo tomaba mucho LSD, muchos ácidos, porquerías. Uno hacía experimentos con uno mismo, yo me pongo a pensar cómo tomé toda esa basura, qué hice conmigo. Eso te deja una alucinación permanente y tengo la medicación en el bolsillo porque hay cosas que se mueven. Cuando estoy solo, todo lo redondo se pone a girar, en serio, porque esa porquería te queda en la sangre, yo no sabía. Usaba morfina y esas cosas, fume opio, un montón de basura, mi cabeza estaba enferma a los 16 años”, confesó.
La adicción al LSD lo llevó al Borda, a la camisa de fuerza que le dejó un mal recuerdo: “Esa porquería tiene unos broches que vos no sabes lo que son y bueno acá tenías unos agujeros como los ojales de las zapatillas y ahí te dan el Pentotal, y te dormís, te despertás dentro de dos días en el infierno, donde estaba (en el neuropsiquiátrico)”, rememoró Tito.
Sin embargo, Tito se pudo recuperar, y el arte lo seguía acompañando, el arte que les trasmitieron sus maestros que le enseñaron a soldar y a forjar el hierro. “A soldar me enseñó Antonio Bersich, un amigo mio, fue el que me enseñó a soldar el taller y fui su ayudante de herrería. Y el que me enseñó escultura fue Oscar Albertasi, era muy buena persona, un tipo sencillo. En los 70 muere y yo me quedo sin maestro”, indicó Tito.
Y como buen alumno, él se convirtió en un buen maestro que posee muchos alumnos.
El navegante
"Vino un día Alcides Chiesa con Carlos Martínez, ellos iban hacer la historia del río, pero me dijeron que les interesaba mi historia. Eso me pareció bueno, me sentí halagado. Y yo le dije que sirva sea un mensaje de vida. Debe haber muchos como yo que hacen cosas que entienden, pero no están todos juntos. Es como una gran legión que está totalmente desparramada. Habilidosos somos todos", recuerda Tito El documental "Tito, el navegante", dirigido y producido por Alcides Chiesa y Carlos Eduardo Martínez, se estrenará hoy a las 20 en la Biblioteca Mariano Moreno de Bernal, ubicada sobre Belgrano 450 y en el espacio INCAA del Cine Gaumont de Rivadavia al 1600, Capital Federal. Con respecto a este film, Ingeneri declaró que "sentí mucha alegría porque alguien se preocupó por mi vida. El mensaje es que la gente haga la casa de botellas y que no tomen tantas drogas, que ya no tomen más".
"El obrero del arte" se mostró agradecido por el film diciendo "yo siempre les agradezco que se hayan preocupado por hacer la vida de alguien. También estoy agradecido del hijo de Chiesa que fue el editor de la película. Además, le doy las gracias a un amigo mío Leandro Gómez, que hizo un comic que está dentro de la película. Y de la gente que me conoció que fueron entrevistada. Está mi médico Roberto Rocca, mi psiquiatra que hasta hoy me sigue tratando"
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