martes, 5 de octubre de 2010

MAYO FRANCÈS

SUEÑO FRANCÉS

PARA LA LIBERTAD


Los sueños siempre se buscan y casi nunca se concretan. El mayo francés si bien no produjo cambios sustanciales, significó el nacimiento de una nueva conciencia transformadora de la sociedad mundial. El modelo alternativo fue ofrecido por jóvenes universitarios que odiaban la rigidez de los dos sistemas imperantes, el capitalismo y el comunismo. Cambiar, transformar, liberar, eran los puntos claves de la manifestación que paralizó a la Francia del 68.
Cansados de la rigidez totalitaria y del aprovechamiento laboral, miles de estudiantes estallaron de furia y armaron barricadas no sólo contra un gobierno, sino contra dos paradigmas que limitaban la libertad. Salir de la opresión a toda costa. La unión entre los estudiantes y obreros iluminaron el camino para todos aquellos hombres y mujeres del mundo, rehenes de la austeridad y del consumismo provocaron la caída de un gobierno que hasta ese momento parecía muy firme.
El concepto imposición era mala palabra para estos jóvenes que abogaban la consigna “prohibido prohibir”. La libertad absoluta estaba cerca en esos días en los que París ardía, ya que miles de jóvenes se paseaban por la calle. Era tal la inhibición de esos que recibían balas de gomas y gases lacrimógenos por parte  de la policía. No importaba las heridas, importaba la libertad en todos los sentidos.
La marca ya estaba hecha, la violencia  los estudiantes seguía los dichos de Hebert Marcase que sostenía: que “La prosperidad y la cohesión tienen por fundamento la incentivación de la explotación,  la competencia brutal y la moral hipócrita”.
Las manifestaciones artísticas fueron el legado directo del Mayo Francés, en ellas la utopía se concretaba, el amor, la paz, pero sobre todo, la libertad encontraron el refugio que les había negado la realidad, gracias a la jugada perfecta de De Gaulle, que logró negociar y apagó la llama. Sin embargo sus cenizas se trasladaron a otros sitios del mundo donde se necesitaba mucho fuego para terminar con tanta agua que ahogaba demasiado.
Walter Leguizamón

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